DATOS QUE NO CONOCÍAS DE JULIO CORTÁZAR


Domingo, 01 Noviembre 2015
DATOS QUE NO CONOCÍAS DE JULIO CORTÁZAR

 

El autor de Rayuela, libro caracterizado por la mezcla de elementos y por las alternativas que el escritor nos regala, tuvo un nacimiento un tanto pintoresco.

 

Julio Cortázar, nacido en Bélgica, en 1914, debido al trabajo de su padre, desde pequeño se vio sumergido en más de una cultura.

 

Por cuestiones diplomáticas y del destino, Bruselas fue la ciudad que lo vio nacer. Su nacimiento ocurrió en un contexto histórico de guerra, justo cuando el káiser conquistaba Bélgica, fue un nacimiento bélico, o al menos así lo definió Cortázar años más tarde.

 

De padres argentinos, y estos de hijos de europeos, fue proveniente de un país conformado por inmigrantes, lo que tuvo gran influencia en su manera de pensar y ver el mundo, de aceptar las mezclas culturales y de conocer al otro. Argentina fue su hogar, al mismo tiempo que lo fue Bélgica, Francia, Italia, entre otros.

 

Desde pequeño tuvo un interés por los libros y las letras, se acercó a las páginas plasmadas con la tinta de los grandes escritores europeos, y más adelante se convirtió en un aficionado de la escritura.

 

Un aficionado que amaba escribir sin tener la presión del tiempo, que lo hacía cuando tenía la oportunidad y que llenaba hojas sueltas con diversas oraciones para después entrelazarlas.

 

Un hombre que nunca se consideró un profesional de la escritura y que fue uno de los protagonistas del boom latinoamericano, término con el que no estuvo del todo de acuerdo por la promoción que las editoriales buscaban a través de las plumas pertenecientes a este “boom”.

 

Un boom que irónicamente era latinoamericano pero que utilizaba una palabra anglosajona.

 

Fue un boom que marcó el camino para muchos escritores latinoamericanos que surgieron después, pues como Cortázar dijo, su generación sólo leía a pocos escritores de América Latina, el resto eran europeos.

 

Pronto, con el surgimiento de grandes plumas que tenían tinta latinoamericana, el resto de la población les dio la cara. Las editoras se acercaron, sobre todo por el interés y por el nuevo surgimiento.

 

Sin embargo, la obra de Cortázar, al igual que de otros protagonistas del boom latinoamericano, fue hecha sin el apoyo editorial, escribió solo, en pobreza  algunos años y lejos de América Latina.

 

El boom latinoamericano fue un lanzamiento de las editoriales, “una maniobra hecha con fines de promoción (…) pero si el libro no vale por sí mismo, ¿cuánto tiempo dura?”

 

Hablar de la vida de Cortázar podría durar semanas, pues resulta complicado definir la vida de un hombre en unos cuantos caracteres.

 

Sin embargo, para conocer un poco más de este gran escritor o recordar algunos aspectos de su vida, dejamos algunos puntos relevantes del hombre que convirtió al lector en su cómplice y que le mostró diversos caminos y oportunidades a través de las páginas.

 

Julio Cortázar admiraba a Antoni Gaudí, en parte por los años durante su infancia que pasó en Barcelona. De pequeño visitó el parque Güell, donde pasó las tardes para jugar rodeado de la obra del arquitecto catalán.

 

El escritor argentino, nacionalizado francés, y nacido en Bélgica creía que el mestizaje era uno de los caminos más importantes para la humanidad y que no debía verse como un aspecto negativo.

 

 

 

Desde pequeño estuvo en contacto con más de una cultura, lo que tuvo un gran impacto en el hijo de padres argentinos. Del lado paterno, su bisabuelo era vasco, de ahí el apellido Cortázar, pero como muchos españoles abandonó su país y emigró a Argentina, en su caso a Salta. Del lado materno, su madre era hija de franceses y abuelos alemanes.

 

Creció con la ausencia de su padre. Cuando Cortázar tenía 6 años, su padre los abandonó. Esto lo marcó y complicó la vida del escritor, su hermana y madre. Nunca más lo volvió a ver, ni supo de él hasta que le comunicaron su muerte.

 

Cortázar creía en la astrología y era un gran aficionado de ésta.

 

Desde pequeño amó la lectura, por lo que durante su infancia pasó horas en su casa para adentrarse en las páginas de los libros.

 

Esto inquietó a la familia, e incluso un médico le prohibió acercarse a los libros durante cinco meses. Más tarde, su madre se dio cuenta del amor a las letras y páginas del pequeño Cortázar y decidió devolvérselos.

 

Escribió su primera novela a los 9 años, con un final dramático en el que los personajes morían. Pues según Cortázar es un hombre muy sentimental y un tanto perturbado.

 

Trabajó como traductor para la UNESCO, por lo que dejó Buenos Aires para ir a París.

 

Tradujo los poemas y cuentos de Edgar Allan Poe, escritor al que admiró desde pequeño y cuyos cuentos leyó a corta edad.

 

Estas traducciones fueron porque había algunos cuentos de Allan Poe que no tenían traducción, por lo que la Universidad de Puerto Rico le pidió si podía encargarse del trabajo.

 

Como un traductor puede trabajar desde donde deseé, Cortázar decidió abandonar París e ir a Italia, pues era más barato vivir ahí. La traducción fue publicada en la Universidad de Puerto Rico y fue poco conocida. Esta fue una de las cosas que Cortázar realizó con más gusto.

 

Fue autocrítico y comenzó a publicar mucho más tarde que otros escritores jóvenes que lo hacían entre los 18 y 24 años y que después se arrepentían.

 

En 1938 publicó su primer libro que incluye unos poemas, pero no salió bajo su nombre, sino firmados como Julio Denis.

 

Presencia fue una edición de 200 ejemplares que era para los amigos; el escritor creía que era mejor esperar a perfeccionar la escritura para ser publicada, es decir, estar seguro de que valía la pena.

 

En 1959 publicó Las armas secretas, un libro de cuentos que incluyó “El perseguidor”, uno de los clásicos de Cortázar y antecedente de Rayuela. “Es un poco una rayuelita”, sin embargo, Cortázar no lo supo hasta terminar de escribir Rayuela.

 

Fue maestro normal y profesor, y desde 1939 hasta 1945 dio clases en la provincia de Buenos Aires.

 

Aprendió francés por su cuenta, hasta que la Universidad de Cuyo le ofreció tomar un curso. En esta universidad dio algunas clases a pesar de no contar con la licenciatura.

 

Tuvo una preocupación social, por lo que se caracterizó por seguir de cerca los movimientos de izquierda y estar en contacto con las clases marginadas.

 

 

Entre los textos que se puede ver su interés por las clases marginadas y su compromiso con la sociedad están Dossier Chile: el libro negro, en el que habló de la problemática del régimen del general Pinochet; y Nicaragua, tan violentamente dulce, en el que escribió sobre la lucha sandinista contra la dictadura de Somoza.

 

Durante la dictadura militar argentina, algunos de sus libros fueron prohibidos por tener “antecedentes ideológicos marxistas”.

 

Cortázar se caracterizó por su estilo único y por la manera de narrar sus escritos. Para él el estilo no era una cuestión de nivel de escritura, se traba más bien de saber qué se quería comunicar y cómo se quería hacer. El lenguaje debe ser el preciso.

 

No aguantaba tener horarios. Le gustaba salir a la calle y no estar encerrado. Por eso buscaba trabajos que fueran de sólo un par de horas. Trabajaba tranquilamente, sólo cuando llegaba al punto central no se de detenía en escribir.

 

Entre los personajes que admiró están Roberto Arlt, quien tuvo un gran estilo y lo supo manejar a la perfección aun con el lunfardo que empleó; el músico de jazz Louis Armstrong; el escritor Julio Verne, al que leyó desde pequeño y que lo influyó con la idea del hombre invisible; su compatriota Jorge Luis Borges; y el francés novelista y crítico Jean Cocteau.

 

Era fanático del boxeo y del jazz, lo que se puede observar en textos como El perseguidor y el Final del juego.

 

Debido a estas pasiones, logró ser por un tiempo comentarista de box, pero fue despedido porque era tanta su emoción que no se podía entender nada de lo que decía.

 

La música, en particular el jazz está presente en sus letras. Cortázar hace la comparación entre ambas a través del ritmo, un latido o swing que está presente también en sus textos, de no ser así, significa que no sirven y hay que volver a escribir.

 

Se le dificultaba pronunciar en castellano la letra “r”, en parte por los lugares en los que vivió de pequeño y su acercamiento al francés.

 

Cuando hablaba la pronunciación de esta letra era más cercana a la de la lengua francesa, una “r” gutural.

 

Cortázar creía que sus ideas no eran lúcidas y que en realidad tenía muy pocas. Incluso decía que no era un hombre de ideas, que no sabía pensar, sino que tenía ilusiones.

 

 

 

A través de la escritura era como mejor se podía comunicar, pues no sabía discutir, pero así daba nuevas oportunidades.

 

En Bestiario (1951), publicación en la que se incluyen seis cuentos de Cortázar, se observa un lenguaje más directo del argentino.

 

Una obra en la que se ve un Cortázar más seguro, tal como él y otros críticos afirmaron años después y que se trata de cuentos fantásticos que dejan ver mucho de su autor, quien llegó a afirmar que se trataron de cuentos que escribió cuando tuvo “síntomas neuróticos”.

 

El final de Rayuela lo escribió durante semanas en las que dejó de dormir, pues era más ahora una obsesión. “Rayuela es la experiencia de toda una vida”.

 

Busca nuevas posibilidades con esta novela para ver de una manera diferente el acercamiento entre ésta y el lector. La mayoría de los lectores son pasivos, pues recibes lo que te da el escritor.

 

Con Rayuela, Cortázar quiso escribir un libro en el que el lector tuviera diferentes opciones para decidir en qué orden leerlo. Así convirtió al lector a alguien más activo y menos pasivo.

 

Fue conocido como el “Gran Cronopio”, este nombre se lo ganó después del cuento Historias de cronopios y de famas (1962). La historia de este texto se remonta a París, cuando fue a ver un homenaje de Igor Stravinsky y que era recitado por Jean Cocteau.

 

Cuando hubo un intermedio y todos abandonaron la sala, Cortázar se quedó dentro para admirarla. No había nadie más y entonces pudo notar una especie de globos que flotaban en el auditorio. A estos les dio el nombre de Cronopios, que más tarde tomaron una forma más humana, sin llegar a serlos.

 

Cortázar fue conocido por algunos como “el siempre joven”, pues nunca aparentó la edad que tenía. Carlos Fuentes escribió más tarde un recuerdo del momento en el que por fin conoció a Cortázar:

 

 

“Verlo por primera vez era una sorpresa. En mi memoria, entonces, sólo había una foto vieja, publicada en un número de aniversario de la revista Sur (…) El muchacho que salió a recibirme era seguramente el hijo de aquel sombrío colaborador de Sur: un joven desmelenado, pecoso, lampiño, desgarbado, con pantalones de dril y camisa de manga corta, abierta en el cuello; un rostro, entonces, de no más de veinte años, animado por una carcajada honda, una mirada verde, inocente, de ojos infinitamente largos, separados y dos cejas sagaces, tejidas entre sí, dispuestas a lanzarle una maldición cervantina a todo el que se atreviese a violar la pureza de su mirada. -Pibe, quiero ver a tu papá. -Soy yo (…) Fernando Benítez, que acompañaba en la excursión a la plaza del General Beuret, estuvo de acuerdo con mi descripción pero añadió que ese rostro de muchacho, cuando se reía, cuando se ensimismaba, cuando se acercaba o alejaba demasiado (pues Julio era una marea, insensible como los movimientos de plenitud y resaca de los mares que tanto persiguió), empezaba a llenarse de diminutas arrugas, redes del tiempo, avisos de una existencia anterior, paralela, o continuación de la suya.

 

Así nació la leyenda de un Julio Cortázar que era la versión risueña de Dorian Gray. Lo sabía todo”.

 

Aquí la entrevista realizada para el programa A fondo.

 

 

 

Autora: Mariana Aguila Tiquet




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