6 RELACIONES TORMENTOSAS ENTRE FAMOSOS ARTISTAS Y ESCRITORES


Jueves, 05 Noviembre 2015
6 RELACIONES TORMENTOSAS ENTRE FAMOSOS ARTISTAS Y ESCRITORES

 

No hay nada tan complejo e indescifrable como las relaciones humanas y los círculos viciosos del amor. El arte ha presenciado amores que arrasan con todo a su paso, historias de traición que atrapan a sus protagonistas entre letras y pinceles.

 

El amor entre artistas dista mucho de ser la utópica relación perfecta, esa vida amorosa en la que ambos tienen planes de despertar cada mañana uno junto al otro, compartir sus intereses y las preocupaciones diarias, y enfrentar juntos las adversidades de la vida. Este sueño cotidiano pronto puede caer en el vicio de una adicción irracional, cuando el amor duele, cuando hiere la ausencia y también la presencia.

 

Hay  romances que son breves y tan intensos que se alimentan de una pasión desmedida dejando a su paso  una tormentosa realidad.

 

Cuando el amor excede los límites de la obsesión, se abren paso los finales que nos recuerdan que hay historias que terminan así, sin finales felices ni finales tristes, simplemente se agotan. Otros duran toda la vida condenando a las parejas a enfrentar cada mañana el derrumbe de sus románticas ilusiones, plasmando sus desengaños en el arte y en sus versos.

 

A continuación te presentamos 6 relaciones tormentosas entre artistas y escritores del último siglo que en lienzos, libros y museos inmortalizaron sus encuentros con la tragedia, el dolor y la controversia.

 

DIEGO RIVERA Y FRIDA KAHLO

 

“He sufrido dos graves accidentes en mi vida: uno en el que me arroyó un tranvía… el otro fue Diego”. Frida Kahlo

 


 

Ambos estandartes de la pintura mexicana se casaron en 1929, se divorciaron en 1940 y volvieron a casarse en 1941. Su relación enfrentó múltiples contratiempos, el primero fue la diferencia de edades, pues cuando se casaron Frida tenía 22 años y Diego era un hombre de 43 años con un antecedente de dos matrimonios fallidos. Contar su historia es recordar una larga lista de infidelidades, Diego Rivera, el mujeriego irremediable, y Frida, con sus discretos amantes.

 

Otra situación que nunca dejó a Frida ser feliz fue su infertilidad a causa de los daños físicos del accidente en el tranvía. Cuatro abortos enterraron las ilusiones de formar una familia juntos, sin embargo compartieron casa y estudio, donde celebraron míticas fiestas con su círculo de amigos que curaban por momentos los daños que las traiciones les causaron.

 

Pero Diego cometió el único error que Frida no podía perdonar: mantuvo un amorío con Cristina Kahlo. A partir de ese momento su relación se degradó al igual que la salud de la pintora mexicana que murió con tantos rencores como pasión por el hombre de su vida.

 

JUAN CARLOS ONETTI E IDEA VILARIÑO

 

“Onetti y yo éramos dos monstruos”. Idea Vilariño

 

Poemas de Amor, el libro que consolidó a la uruguaya Idea Vilariño como pilar de la poesía latinoamericana, está dedicado a la relación que inició en Montevideo en la década de los 50 con el escritor Juan Carlos Onetti. Fue amor a primera vista en una reunión del círculo intelectual de Uruguay, seguido de una íntima relación por correo digna de dos escritores enamorados.

 

Ambos lo describieron como un amor sin sentido, entre peleas y rencores perdidos en un vaivén de finales, rupturas y reconciliaciones. Onetti  describió años después su historia con Vilariño como algo más relacionado al sexo y al intelecto que a la entrega total de dos amantes dominados por la ternura. La distancia y el orgullo terminaron con una relación tan intensa como la obra de la escritora.

 

El escritor Juan Carlos Onetti se casó en dos ocasiones, Vilariño no lo hizo nunca, para ella Onetti fue un error y su mayor acierto, un amor de aquellos que te consumen por completo sin dejar restos para un amante más.

 


 

MARINA ABRAMOVIC Y ULAY

 

“Realmente lo amé, incluso más que a mí misma”. Marina Abramovic

 

Marina Abramovic es una leyenda del performance, su trabajo explora los límites físicos y mentales de sí misma en acciones en las que se somete al dolor y al contacto con el público confrontándolo con emociones llenas de intensidad.

 

En 1976, el artista Uwe Laysiepen, conocido como Ulay, la conoció en una galería en Ámsterdam mientras ella realizaba un performance.

 

Fue un amor a primera vista que duró más de 10 años en los que compartieron su pasión por el arte, uniéndose en acciones performáticas. Su relación fue controversial hasta el último momento, después de terminar por los problemas causados por rivalidades artísticas y por carecer de intimidad, ya que su romance sufrió una constante exposición  mediática a causa de sus carreras.

 

Incluso su ruptura quedó inmortalizada en la historia del arte con su último performance juntos: The Lovers, en el que cada uno caminó desde un extremo de la Gran Muralla China para encontrarse, después de 2 mil500 km de recorrido, justo en el centro de la muralla, se despidieron con un último abrazo. Un performance que simbolizó sus caminos uniéndose y separándose, caminos que se cruzaron por un instante fugaz en sus vidas.

 


 

23 años después de su despedida se encontraron en uno de los episodios más conmovedores de la historia del arte; en el MOMA de Nueva York, mientras Abramovic presentaba “The Artist is Present”, pieza que consistía en estar sentada durante 716 horas y 30 minutos, mientras el público llegaba y compartía con ella el silencio al sentarse en una silla delante de ella.

 

Los asistentes pasaban de uno por uno, hasta que en un acto inesperado, Ulay apareció frente a la artista. No hablaron, se miraron, se reencontraron en una mirada llena de complicidad y se separaron como dos desconocidos con una historia en común.

 

 

OSCAR WILDE Y LORD ALFRED DOUGLAS

 

“Tu alma delgada y áurea camina entre la pasión y la poesía. Sé que Jacinto, al que Apolo tan locamente amó, fuiste tú en los días griegos”. Oscar Wilde

 

En Londres, la época victoriana fue escenario de un romance prohibido oculto en las letras de la literatura: Wilde y Lord Alfred Douglas, quienes se conocieron en 1891.

 

Douglas lo admiraba por su brillantez y por pertenecer al mundo artístico. Wilde poseía un ingenio y una conversación sumamente interesante, pero desde el comienzo del romance algunos amigos de la pareja acusaban a Alfred Douglas de no amar genuinamente a Wilde y de utilizarlo por su dinero y fama, aprovechando su relación sentimental.

 

Douglas era un noble escocés y su familia, desde luego, se opuso al romance acusando a Wilde de sodomía. Wilde fue encarcelado durante dos años por el delito de “grave indecencia” por homosexualidad.

 

Al final la presión familiar y la crítica social pudieron más que el amor y los separaron definitivamente cuando, al salir Wilde de la cárcel, Lord Douglas, intimidado por su puesto nobiliario, afirmó que nunca lo había amado.

 

El fin de la relación persiguió a Wilde toda su vida, reprochando la cobardía de su amante y la impotencia del amor ante una sociedad que no estaba lista para atestiguarlo.

 


 

William Burroughs y Joan Vollmer

 

“La única ética posible es hacer lo que uno quiere hacer”. William Burroughs

 

Él era un adicto a la heroína, ella a las anfetaminas, por lo que cuando Vollmer entró a la vida del escritor comenzó su declive emocional, fue condenado a prisión domiciliaria por falsificar recetas médicas y tuvo que recluirse al cuidado de sus padres, este hecho causó una profunda depresión en Joan por la soledad de no tener contacto alguno con su amante, causándole una psicosis temporal.

 

Cuando Burroughs culminó su condena, sacó a Vollmer de la sala de psiquiatría del hospital y se mudó con ella a Texas. Tuvieron un hijo en 1947, pero William volvió a ser arrestado después de que la policía registró su casa y encontrara cartas con referencia a una entrega de marihuana, así que ambos decidieron huir a México.

 

Durante un tiempo llevaron una vida tranquila, él estudió español y lengua maya mientras ella se dedicó a cumplir su papel como fiel esposa y madre amorosa.

 

Las fiestas y las drogas formaban parte de la utopía de una vida feliz, hasta que el 26 de septiembre de 1951, en un departamento de la Ciudad de México, disfrutaban una botella de tequila y las drogas habituales con sus amigos: Lewis Marker y el poeta Eddie Woods, cuando William encontró una manzana, lo que trajo a la conversación la historia de Guillermo Tell, relato épico sobre el hombre con la mejor puntería del mundo, quien para salvar su vida tuvo que disparar con una ballesta a una manzana posada sobre la cabeza de su hijo.

 


 

Emocionada por el relato, Joan se levantó y se colocó a escasos metros de William; con la manzana sobre su cabeza, miró a Burroughs y lo incitó a derribar la manzana con una sola bala. Él disparó. Joan quedó tendida en el piso rodeada por un charco de sangre.

 

La tragedia apareció en los periódicos locales como un desafortunado juego. Años después, Burroughs escribió que jamás habría sido escritor si su esposa no hubiera muerto.

 

PABLO PICASSO Y DORA MAAR

 

“Después de Picasso, sólo Dios”. Dora Maar

 

París fue el escenario del encuentro entre ambos pintores, ella tenía 29 años, él 55 y seguía casado con la rusa Olga Khokhlova, madre de su hijo.

 

Dora Maar, mujer de extraordinaria belleza, se convirtió en su modelo y musa. Entre ellos existió una verdadera relación intelectual a un grado que no alcanzó con ninguna otra de sus amantes.

 

Dora Maar se entregó a Picasso por completo y, cautivada por su talento, documentó la realización de “el Guernica”, compartieron amistades, trabajo y viajes. Poco a poco, Dora, la mujer elegante y deslumbrante que enloqueció a Picasso, se convirtió en una mujer desesperada poseída por un amor angustiante.

 

Durante los seis años que duró su relación, ella fue su aprendiz de pintura, pues aunque era fotógrafa, al conocer a Pablo Picasso, abandonó la profesión que el español menospreciaba.

 

La obsesión por retener el amor del pintor estalló hasta que la sustituyó en 1943 por Francoise Gilot, lo que causó a Dora una gran depresión que la condenó a una vida en hospitales psiquiátricos. Maar no volvió a amar a nadie y murió sola, a los 90 años.

 

Tras su muerte encontraron en su casa cientos de “picassos” en una colección que confirmó el daño irreparable que le causó un amor fugaz que arrasó con todo, al que se entregó tanto que no dejó nada para sí misma.

 


 

Autora: Natalia Lomelí

 

 

A través de: Cultura Colectiva





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