LOS “NERVIOS” EN LA INTIMIDAD


Viernes, 28 Agosto 2015
LOS “NERVIOS” EN LA INTIMIDAD

Muchos problemas sexuales se deben en mayor o menor medida a una sensación de nervios, ansiedad o preocupación que aparece durante el encuentro sexual.

 

Es muy habitual que se cree un efecto “pez que se muerde la cola”; un contratiempo en el sexo hace que nos pongamos nerviosos en los siguientes encuentros, con lo cual las probabilidades de que algo no vaya bien se multiplican.

 

Te explico cómo funciona este bucle.

 

Imaginemos un ciervo que come tranquilamente en el bosque, de repente detecta a un oso que va a atacarle, en ese momento se activa una respuesta de huida y defensa en su organismo (sistema nervioso simpático) que desactiva automáticamente el sistema nervioso parasimpático, que es el que hace posible respuestas de relajación como la digestión: el ciervo ocupa toda su energía en huir, aunque quisiera no podría comer.

 

El ciervo finalmente deja atrás al oso y tras unos momentos en los que se asegura que el depredador ha desaparecido, ya se relaja, el sistema nervioso simpático se desactiva y vuelve a activar el parasimpático, ya puede seguir comiendo. Este ciervo no se ha traumatizado, la experiencia no va a quitarle el sueño y al día siguiente no va a salir con miedo por si aparece el oso.

 

Los humanos (que también deberíamos estar en el bosque) reaccionamos igual ante una situación que nuestro cerebro interprete como peligro, con la diferencia de que nuestro avanzado intelecto hace que solo pensando en ese “oso” nuestro cuerpo reaccione igual que si nos persiguiera un depredador. Recuerda que el sistema nervioso parasimpático y simpático no pueden estar activos a la vez.

 

¿Qué tiene que ver esto con el sexo?

 

La respuesta sexual, al igual que la digestión, también necesita que el sistema nervioso parasimpático esté activo, si se activa el simpático (respuesta huida/defensa) es muy probable que no funcionemos sexualmente. En este caso, nuestro “oso” es el miedo a quedar mal, a no poder disfrutar, a que el encuentro sexual no sea satisfactorio… no son depredadores, pero nuestro cerebro sí lo entiende como peligro así que actúa también para defendernos.

 

No importa si lo percibes como nervios, angustia, ansiedad o preocupación…todas esas sensaciones son interpretadas por tu cerebro como un peligro inminente así que la energía debe guardarse para defenderse o huir. Así que si tienes esas sensaciones es muy probable que; no consigas una erección, o la pierdas. La erección la maneja el sistema nervioso parasimpático, si los nervios entran en la ecuación este sistema nervioso se desactiva y el pene no puede erectarse.

 

La sensación de placer se reduce. Para protegerte de una situación de peligro, las sensaciones físicas disminuyen. Así en el sexo puedes tener una sensación mucho menor, no excitarte o incluso no eyacular. Que te cueste controlar la eyaculación. La respuesta de eyaculación se activa con el sistema nervioso simpático, cuando lo activas por nervios es probable que se precipite y además la sensación se reduce así que el orgasmo es débil o inexistente.

 

Así como que no llegues al orgasmo. No solo por la disminución de sensación anteriormente mencionada, sino que el orgasmo como tal es una respuesta refleja que se activa al recibir unos estímulos. Con los nervios, estos estímulos no se reciben correctamente pero además al ser propia del sistema nervioso parasimpático, la respuesta de orgasmo no puede aparecer si está activado el simpático.

 

Como ves, solo poniéndonos nerviosos ya podemos desactivar toda la respuesta sexual y que sea imposible disfrutar del sexo. La buena noticia es que aprendiendo a relajarnos tenemos mucho camino ganado.

 

 

Marta Ibáñez Sainz-Pardo




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Disculpen las molestias, esto es una Revolución





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