La vida te muestra cómo perdiendo muchas veces se gana


Sábado, 04 Marzo 2017
La vida te muestra cómo perdiendo muchas veces se gana

Las relaciones amorosas normales se caracterizan por un intercambio sano de beneficios, dentro de las cuales las parejas consiguen en el ser amado apoyo, comprensión, empatía, solidaridad, respeto, etc… Sin embargo, existen parejas que no se pueden englobar en este deber ser y sencillamente resultan en relaciones perjudiciales para ambos.


Los límites, las negociaciones y acuerdos deben realizarse en los comienzos de la relación y la pareja a medida que se va conociendo puede plantear sus expectativas de lo que desea de ese vínculo afectivo. Ocurre que muchas veces lo que recibe una de las dos personas no corresponde a sus expectativas o bien no coincide con lo que previamente se ha acordado.

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En muchas parejas se aprecia un desequilibrio entre lo que se da y lo que se recibe o bien en la forma en que se pondera las cosas. Definitivamente ninguna persona ama igual a otra, por esto también tiende a decirse que en las relaciones hay una que ama más, careciendo esto un tato de sentido porque el amor no es posible medirlo ni compararlo correctamente.


Cada quien tiene niveles de emociones diferentes, tiene diferentes herramientas, distintos recursos para demostrar amor, que una persona sea más efectivo para demostrar afecto, no necesariamente signifique que ama más.

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Lo cierto es que independientemente de nuestras escalas de amor, cuando éste no es tal, se siente, se respira… Cuando estuvo presente en algún momento, se nota más cuando el amor muere, se percibe su agonía hasta que finalmente solo queda pequeños rastros de lo que en un momento fue.


A este punto las relaciones se vuelven frías y distantes si aún existe amor en la contraparte resulta muy doloroso en primer lugar reconocer que ya no es amada por su pareja, sentir los síntomas del desamor que anuncian un amor en decadencia. Hay quienes se resisten y se niegan a aceptar esa realidad, pudiendo tornar más doloroso aún el proceso. Hay quienes dignamente se retiran y dan por terminada la relación, llevándose consigo atesorados en el corazón los momentos que compartieron, las buenas vivencias, el aprendizaje y la experiencia.

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Existen también los que optan por arrancar una cruzada por la reconsquista del amor, algunas veces obtienen lo que quieren, pero en la mayoría de los casos un amor muerto no resucita… puede quedar por costumbre como conectado a un respirador artificial, nunca volverá a ser igual, nunca andará por sus propios medios y no tendrá interés o capacidad de mostrarse.


Lo cierto es que aceptar que el amor ha acabado aunque sintamos que estamos perdiendo, que se nos desgarra el alma, que será difícil recomenzar con nuestro corazón herido, siempre traerá como consecuencia el cierre forzoso de un ciclo y nos dará la oportunidad de recorrer nuevos horizontes, donde el amor sea correspondido, donde las ganas se compartan y los sueños vuelen juntos…  en definitiva resultará en la mayor ganancia.











Vía: Mujer





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