Ser feliz y complacer a todos no resulta compatible


Sábado, 18 Marzo 2017
Ser feliz y complacer a todos no resulta compatible

Cuando realizamos un pequeño sondeo para evaluar nuestras vidas, definitivamente nos resulta casi una respuesta general que nuestro tránsito por esta experiencia está cargado de muchas vivencias que se traducen en felicidad o desdicha, el balance resulta mayormente favorable para aquellas personas que presentan ante la vida una actitud positiva, aquellas que nos les cuesta colocar una sonrisa en su rostro a pesar de que las cosas no resulten exactamente como esperaban.


Esto nos dice que la felicidad en definitiva es un aspecto de nuestras vidas, una condición altamente subjetiva, que dependerá del cristal que haya seleccionado cada quien para observar lo que ocurre.

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En medio de nuestra búsqueda de un estado de plenitud  que solo podemos encontrar en nosotros mismos, se nos presenta la posibilidad de participar en la vida de las personas que nos rodean, donde muchas veces por complacerlos, dejamos de lado nuestro bienestar. Y esto solo puede traducirse en incomodidad, en sufrimiento, en infelicidad.


Por esto debemos ser bien cautelosos al momento de poner en juego nuestra felicidad por la “buena acción” de satisfacer las necesidades de otra persona. Si bien es cierto que el simple hecho de dar, nos hace sentir mejores personas, de hecho solo con pensar en realizar una buena acción segregamos en nuestro cuerpo hormonas vinculadas a la felicidad, también es cierto que nuestra mayor responsabilidad es con nosotros mismos, y que debemos cuidar que el camino se mantenga lo más alineado posible con lo que nos hace feliz.

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Definitivamente nuestras acciones deben estar orientadas para que el mayor número de involucrados resulten beneficiados o al menos no perjudicados, sin embargo, esto no tiene nada que ver con vivir nuestra vida a través de otros, delegarles nuestra felicidad a alguien más o convertir nuestra vida en un acto de complacencia si esto no nos hace feliz. Obviamente a lo largo de la historia podemos ver casos de notables personajes que dedican su vida a repartir bondad, a desinteresadamente dedicarse a dar, pero lo que se debe resaltar en estos caso es que es eso lo que los hace feliz y no están de forma alguna sintiendo que sus acciones son un sacrificio de su felicidad.

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Los sacrificios deben ser medidos, la complacencia debe estar acotada y los límites establecidos por nuestro bienestar, no es una cuestión de egoísmo, se trata de responsabilidad con nosotros mismos, a fin de cuentas el único propósito real de la vida es ser feliz y cada uno de nosotros debe ocuparse de su propia felicidad. No dejemos de hacer lo que nos gusta, no cercenemos nuestro espíritu por el qué dirán, no estudiemos una carrera o nos casemos con alguna persona por los motivos equivocados, no vistamos algo que nos haga sentir a gusto… Obviamente, siempre tendremos que ceder espacios, pero que no sea la regla, sino la excepción. En fin, si debemos escoger entre nuestra felicidad, y complacer a alguien más, decantemos por nuestra felicidad… Ésa que intuitivamente, más allá del ego, nos lleva por el mejor camino.








Vía: RincóndelTibet





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