¿QUÉ RELACIÓN BUSCAMOS REALMENTE?


Lunes, 20 Marzo 2017
¿QUÉ RELACIÓN BUSCAMOS REALMENTE?

Entre todas las confusiones y crisis que vivimos, una de las que siempre asoman la cabeza es el malestar amoroso. El “mal de amores”, como diría Ángeles Mastretta, se deja sentir a diestra y siniestra. Lo aceptemos o no, todos estamos un tanto preocupados por el rumbo de nuestra vida afectiva.

Los casados piensan que el matrimonio es “un mal necesario” y que la felicidad está en otra parte. Los solteros, que vivirán el gozo absoluto al encontrar pareja. Algunos están “a la caza de un alma gemela”. Otros pasan la vida de desencuentro en desencuentro y en su frustrada compulsión culpan a todos, sin tomar responsabilidad sobre sus fracasos.

Recordemos que somos producto de nuestro momento histórico. El concepto de pareja, a lo largo de los siglos, ha respondido más a las exigencias sociales que a las de sus integrantes. ¿Qué ocurre hoy en día? Muchas personas piden a la pareja más que una sensación de completud y encuentro total. Buscan sensaciones satisfactorias, únicas e intensas. Sin soltar el “tú y yo somos uno mismo”, tenemos la expectativa de gratificación en diversas áreas de la vida personal y conyugal, que el otro nos tiene que proveer.

De la pareja “institución” pasamos a una pareja “romántica”, y llegamos a un tipo de pareja “sensorial”. ¿Qué quiere decir eso? Que queremos una pareja que nos asegure “todo” y nos haga sentir “mucho”. No hace falta decir que eso no se puede sostener…

La ansiedad por sentirnos “seguros”, y la necesidad de tener “certezas totales” asfixian al amor, dejando sólo cenizas de lo que empieza siendo un fuego abrasador. Las emociones son intensas en un principio, pero con el tiempo se vuelven fugaces. Aún así, los amores actuales prefieren “arder que durar”, pero una vez que el fuego se apagó, los amantes no entienden cómo calmar el frío interno que les queda.

Son muchos los factores que han favorecido esta transformación vertiginosa en nuestro modo de entender y vivir el amor. La globalización, los avances científicos y cibernéticos, con sus conexiones, redes e intercambios constantes, son decisivos. Lo que predomina en las relaciones es el efecto de “cercanía–distancia”. En nuestros “encuentros”, estamos siempre conectados, pero lejanos.

Este tipo de “acercamiento” genera una ambivalencia al crear vínculos amorosos, ante los cuales prevalece la falta de compromiso. Estamos deseosos de “relacionarnos”, pero desconfiamos del “estar relacionados”, y particularmente si es “para siempre” (idea que en la era del cambio permanente está cargada de negatividad). Tenemos miedo de que ese estado pueda convertirse en una pesada carga.

Además, no queremos limitar la libertad que tanto nos ha costado conquistar. ¿Libertad para qué? Para seguir relacionándonos… ¡Son tantas las posibilidades que nos brindan, tanto el medio cibernético como el mundo real, que caemos en un vértigo de búsqueda sistemática de nuevas experiencias!

Por un lado deseamos la unión, sí, pero nos horroriza el “encierro”. ¿Cómo vas tú por la vida? ¿Será que tus conductas impiden que tus relaciones cristalicen y se sostengan? ¿Realmente queremos relacionarnos? ¿O más bien buscamos relaciones ligeras y laxas para poder salir de ellas en cualquier momento?




Visto en: http://s1ngular.com

 




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Disculpen las molestias, esto es una Revolución





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